Un hermoso día
Traducción de Itziar Hernández Rodilla
Verano de 1946. En Wealding, un pueblo del sur de Inglaterra, ha amanecido despejado. Huele a hierba mojada y flores. Va a hacer calor. Como cada mañana, Stephen Marshall tomará el tren a Londres y su hija Victoria irá a la escuela. Entonces, Laura recogerá los restos del desayuno mientras piensa en la larga lista de tareas pendientes. Las mariposas se cuelan por las ventanas abiertas y las rosas asoman entre la maleza del jardín. Todo apunta a que será un hermoso día.
Aunque esa normalidad es ficticia. Las sirenas antiaéreas ya no anuncian la presencia de aviones enemigos, pero las colinas siguen llenas de alambre de espino. La gente del lugar aún se ve obligada a usar cartillas de racionamiento. Los jóvenes que han sobrevivido abandonan el pueblo. Y ahora, Stephen y Laura —que ya no pueden permitirse tener criadas— deben asumir el mantenimiento de una casa que parece desmoronarse ante sus ojos.
Publicada en 1947, Un hermoso día es una de las novelas más perdurables de la posguerra inglesa, la crónica vibrante y sutil de unas horas en la vida de una mujer decidida a hallar la esperanza entre las ruinas de su país y de su matrimonio.
CRÍTICA
Una escritora de una precisión mordaz y una sutileza conmovedora.
The Guardian
Tan profunda como Katherine Mansfield, tan sobria como Jane Austen, tan aguda como Dorothy Parker.
The Independent
(1906-1997) escribió su primera novela, The Shoreless Sea, con apenas dieciséis años. El libro fue un inesperado éxito de ventas: se publicaron ocho ediciones entre 1923 y 1924, y apareció por entregas en The Daily Mirror. Su segunda novela, The Chase, se publicó en 1925. Entre sus obras más destacadas se encuentran My Husband Simon (1931), Un hermoso día (1947) y Good Evening, Mrs Craven (1999). En 1929 se casó, viajó por todo el mundo y finalmente se instaló en una casa del siglo XVI cerca de Chiddingfold, en Surrey, donde vivió el resto de su vida. Cada día, Mollie llevaba una cesta con su almuerzo a una cabaña en el bosque donde redactaba sus artículos para The New Yorker, así como reseñas, relatos cortos y libros de no ficción. Murió a los 90 años.